¿El mensaje rompe las reglas?
Reporta a Marcello Fellini
[XP] Escort Luciana BG - Microcentro: Sabina en el 17A y Luciana en el Microcentro.
31-Oct-2026, 22:38
De una forma u otra, siempre terminamos pagando por sexo. Algunas veces lo hacemos gastando vida y otras, quizás, de un modo más sano y, sobre todo, más honesto. Por eso pienso que no hay nada mejor que una dama de compañía. Las reglas son claras y uno las conoce antes de contratar el servicio.
De regreso a la actividad venía errándole feo. Caí en un privado donde me cruzaba con clientes, bajando la cabeza para que no se sintieran perseguidos al cruzarnos por los pasillos, y con gente murmurando en una habitación cercana. Era un peligro que no me gustaba, aunque sí la adrenalina que generaba.
Leyendo una experiencia de no sé quién, le escribí a Luciana, de Baires Girls, y me dio el último turno antes de que terminara la jornada. En otros tiempos hubiera elegido el primero; siempre era el mejor. Pero estoy algo viejo y lento, así que no me preocupaba si estaba cansada.
Con las dos motos rotas y sin ánimo para arreglarlas, me tomé el 17 a Microcentro. Una buena excusa para escuchar música. Durante el viaje se me aparecían las letras de las canciones de Sabina. Él, sin dudas, sabía lo que era bueno.
Llegué antes de lo previsto y me atendió sin problemas. Una chica abrió la puerta del edificio y, al despedirse, me dio un beso. Subí por el ascensor deseando que no fuera un antro. Con tantos años de experiencia no me podía pasar otra vez. Toqué la puerta y apareció ella, algo escondida detrás, con un enterizo negro que mostraba sus lindas curvas. Miré el ambiente y era pequeño, pero perfecto. Todo limpio y ordenado.
Me ofreció una toalla, pero antes le pagué por los favores que me iba a brindar. Pasé al baño y también lucía impecable.
—Tuve suerte —me dije.
Al regresar a la habitación le dije que fuéramos despacio. En otros tiempos, si había un sillón, me sentaba un rato a charlar. Por supuesto que están acostumbradas a tener sexo con extraños, pero siempre sentí que era bueno presentarse.
Me gusta el erotismo mucho más que lo pornográfico. Así que lo mío es quitar la ropa despacio. Jugar un rato con la lencería. Eso me excita mucho.
Vi en sus ojos a una fiera impresionante. A una hembra insaciable. Así que le dije que fuéramos lento y suave. Nada mejor que ir echando leña al fuego. Sus labios son gruesos y, cuando te besan, pareciera que levitaras. Recorrió con ellos mi cuello mientras acariciaba mi pecho. Yo le daba satisfacción a esa nostalgia que sentían las yemas de mis dedos por la piel femenina. Así que acariciaba suavemente ese hermoso cuerpo.
Tiene una cola maravillosa. Sus dos cachetes estaban bien separados por ese enterizo que terminaba en el infinito.
Me desabrochó el cinturón y comenzó una felación de otro planeta. Empezó recorriéndome los gemelos. Yo pensé que en algún momento su lengua iría hacia el nudo del globo detrás mío. Me hizo un favor, porque un beso negro podría haberme hecho explotar la cabeza.
Le pedí que se sacara la ropa y comencé a besarla por todos lados. Este mundo nos da la suerte de tener momentos con criaturas hermosas. Mientras acariciaba sus pezones, le dedicaba un tiempo a su clítoris, que para ese momento estaba duro y toda la zona bien húmeda. Antes de terminar, agradecí al cielo y al infierno con un beso en el monte de Venus.
Ya era momento de ponerme el preservativo. Una vez colocado, se ofreció a hacerlo en doggy style, pero yo estaba obsesionado con esos ojos, así que me puse frente a ella. Abrió sus piernas y me las cruzó por la espalda. Estaba bien lubricada y apretaba lo suficiente. Mi ritmo era lento, pero iba profundo.
Ya no soy el de aquellos tiempos. Parece que me falta más velocidad. Aunque, la verdad, prefiero todo lento. No paramos de besarnos y me encantaba cuando me ofrecía su cuello y sus pechos. Fue una tertulia simple, pero de mucha calidad. Sus gemidos eran suaves y eso lo valoro. No me gusta cuando gimen de forma exagerada, como si yo tuviera un pene enorme.
Al poco tiempo le pedí que se subiera, pero que fuera despacio, ya que sentía cómo los soldaditos en fila se acercaban al precipicio. Me hizo caso y eso me gustó. Ya había entendido que lo mío era onda novia.
Sabía que el servicio era completo, pero no pedí más. Quizás hubiera estado bueno que cabalgara un poco más. Cuando le dije que estaba por terminar, finalizó la cabalgata y me quitó el preservativo.
Continuó estimulándome con suavidad. Le dije que, si tenía papel cerca, no quería manchar toda esa escultura. En tiempos lejanos me gustaba tirotear el pecho o la espalda. Cuando llegó el orgasmo, mis piernas temblaron como si sufrieran un espasmo. Me limpió y se acostó sobre mi pecho.
—Son buenos tiempos —pensé.
Nos quedamos charlando un buen rato. Parecía que le gustaban las anécdotas de mi pasado.
Fue una hermosa contienda. Es bueno saber que encontré un puerto seguro y tranquilo donde amarrar el barco de vez en cuando. Todos los foristas teníamos ese puerto, pero rara vez escribíamos sobre ello.
Gracias, Luciana, por los servicios prestados.
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