¿El mensaje rompe las reglas?
Reporta a Lord Carrington
[XP] Athenea BG: Un viaje a los dominios de Adán Buenosayres
25-Feb-2026, 20:12
“Pero refrena tu lirismo, encabritado lector, y descolgándote de la región excelsa en que te puso mi estilográfica desciende conmigo al barrio de Villa Crespo, frente al número 303 de la calle Monte Egmont…” (Adán Buenosayres, Leopoldo Marechal)
Así comienza la primera referencia geográfica que nos da el querido Leopoldo Marechal sobre Adán Buenosayres. Si bien mi destino no era Monte Egmont (actual Tres Arroyos), sino la calle Vera al 1200, no pude evitar recordar la referencia literaria en esta nueva aventura que iba a emprender.
Lo mejor será que arranquemos la narración de manera cronológica. Hacía rato que tenía ganas de conocer a Athenea. Eso implicaba salir de mi zona de confort geográfica (microcentro y alrededores), dejar las vecindades de mi oficina y emprender un viaje a una zona de capital que hacía mucho no frecuentaba. Un breve recorrido en subte hasta la estación Dorrego me depositó en el barrio donde transcurre la novela de Marechal, aunque con una geografía diferente producto del paso inexorable del tiempo. El mismo día, a la mañana, le había escrito a Athenea. Rápida para contestar. Speech escueto, aunque con toda la info necesaria, un link a su canal de Telegram y una sugerencia para que preguntes por el canal VIP. En su Telegran Free hay varias fotos. Se la puede ver de cuerpo y con la cara descubierta. Me cerró completamente. En su speech me llamó la atención una frase “La cola va para el segundo encuentro”. Confieso que me hincha un poco las pelotas estas promesas sujetas a condicionales. ¿Un marketing cuestionable para dejar enganchado al cliente dudoso a una segunda visita? Desconozco. En lo particular, para mí, el anal no es determinante a la hora de decidir un encuentro. Supuse que el culo lo entregará (en caso de hacerlo) con muchos peros. En fin…Arreglamos rápidamente un horario conveniente y seguí con mi día.
Un rato antes me avisó que estaba libre. Buen punto. No trabaja como la cinta transportadora del modelo taylorista amontonando clientes. Estaba cerca, así que unos minutos antes le mandé un mensaje y bajó a abrirme. El edificio es moderno. Un gran portón de rejas permite ver a los residentes entrar, salir y desplazarse por el interior. En seguida vi a la dama aproximarse. Short de jean, remera cortita y sandalias. Físico muy armonioso, laburado en gimnasio. Un culo interesante, que más tarde visto en tanga, reconocería sinceramente muy tentador. En este punto debería empezar a cuestionarme, claramente, la pelotudez que escribí antes de que el anal no era determinante.
Subimos por escalera. Corto trayecto hasta su departamento. Ella es simpática. La charla fluye con naturalidad, sin incomodidades ni silencios forzados. La dama no es una belleza pero es atractiva. Tiene ese “no sé qué” que la hace interesante. El departamento es cómodo. Un dos ambientes, un tanto atiborrado. El baño cerca de la puerta de entrada. Un living, algo oscuro, y al fondo la habitación. Me fui a dar una ducha. Mis ropas de oficina no eran el atuendo más apropiado para transitar el calor del febrero porteño. Una vez renovado, me dirigí hacia el cuarto. Algo en mi interior me decía que con esa mina lo iba a pasar bien.
Ella estaba en tanga y corpiño. Pude apreciar su cuerpo trabajado y finalmente tocar ese culo, completamente duro. Y acá empezó un larguísima previa que sinceramente me encantó. Hacía rato que no visitaba una escort tan besadora como Athenea. Besos profundos, con lengua. Suaves y sensitivos. De esos que te ponen la pija dura como una estaca. No son esos besos guarros, sobreactuados, de película condicionada. Son los clásicos besos “onda novia”. Ella tiene ese estilo. Onda novia pero fogosa. Es una máquina del tiempo que de devuelve a la adolescencia. A la época en la que besar era importante (casi que lo era todo). Con Athenea todo fluyó con naturalidad, no hubo nada forzado, no hubo preguntas odiosas de “¿Cómo querés?”. Todo se fue dando a su debido tiempo, en una sincronía perfecta. Explorando la sexualidad de a dos y subiendo la temperatura de a poco pero de una forma irreversible. Como si los cuerpos se fueran entrelazando en una danza erótica dónde no hacían falta las palabras. Los gemidos suaves describían como se iba despertando nuestra parte más animal, más instintiva. La chupada de pija fue a un ritmo perfecto. A una intensidad justa. Con pasión pero sin desenfreno. Son las más peligrosas. Las que te pueden hacer acabar en cualquier momento. Y acá viene un detalle que me volvió loco. Cuando terminó de chuparme la pija le toqué la concha y estaba empapada. Una mina que se moja chupando pija es para visitarla seguido. (Si es una civil, casi, para pedirle matrimonio).
Pusimos forrito. No sé cuánto tiempo había pasado. Una vida. Empezamos una larga sesión de sexo que me encantó. A veces no es encontrar a la mejor, sino a la que está en la misma frecuencia que uno. Y con Athenea me pasó eso. No me pareció ni la más bonita, ni la más sexy pero si una con las que tuve mejor química. Esos hermosos misterios de la psicología humana. Conexión sexual pura. Ella gime suave, de una manera que lo hace creíble. Cuando la cogés frota su clítoris acompañando el placer del cliente. Y buscando el suyo propio. Uno en este rubro no busca algo real, sino algo que sea verosímil. Y con esta dama encontré verosimilitud. Después de probar tres o cuatro poses, y disfrutarlas de manera lenta y sin apuro, terminamos en cuatro. Mirar ese culo y verla tocarse mientras gemía fue una imagen difícil de resistir. Le saqué la pija de la concha, me saqué el forro y le eyaculé en el culo y en la espalda. Hacía mucho que no largaba un chorro como ese. Un final digno de la hora que habíamos compartido.
Me duché de nuevo, me cambié con tranquilidad y antes de salir nos quedamos un rato a los besos. Bajamos nuevamente la escalera y nos despedimos formalmente, como si hubiéramos olvidado esa hora dentro del departamento. Nos despojamos de la vestimenta de los personajes y asumimos nuestros respectivos roles en la llamada “vida real”. Caminé por las calles de Adán Buenosayres. Por las calles de Leopoldo Marechal. Nuestros universos paralelos no se tocaban. La dimensión temporal los hacía invisibles el uno del otro. En mi propio universo el erotismo había desplazado al romanticismo.
Quizás Athenea sea, en mi mundo, una versión erótica de Solveig Amundsen.
Quizás, después de algunas reincidencias, quien sabe…Tal vez le dedique mi cuaderno de tapas azules. Aunque ella lo termine eligiendo al infame Lucio Negri.
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Última edición por Lord Carrington; 25-Feb-2026 a las 21:04