¿El mensaje rompe las reglas?
Reporta a Lord Carrington
[XP] Alegra: El vórtice de entrada a una dimensión paralela.
Ayer, 13:33
Un tren a toda velocidad. Un huracán en una isla caribeña. Un recital de AC/DC en primera fila. Creo que cualquiera de estos ejemplos describe el vértigo que uno tiene al coger con Alegra. La dama, no solo brinda un excelente servicio, sino que no escatima su propio placer. Si uno toca los botones adecuados, y la enciende, mejor que se prepare. Te podes llevar un cachetazo en la cara o un arañazo en el pecho cuando acaba. En alguna oportunidad salí de ese departamento marcado. En lo particular, eso me encanta. Para mí no hay nada más deserotizante que cuando están listas para coger y me dicen "¿Cómo querés?”. Por eso cuando Alegra me dice "Chupame la concha hijo de puta" y acomoda su sexo sobre mi boca, siento que las cosas no pueden marchar por mejor camino.
Arranquemos por el principio. La conocí hace dos o tres años guiado por una excelente crónica del amigo Nuncagateo. Además de disfrutar de su exquisita prosa, el relato logró picar mí curiosidad en cuanto a las virtudes de la dama en cuestión. Recuerdo que la primera vez que la vi, salí embobado del departamento con la cogida que me había dado esta mina. Parecía que un demonio salvaje la había poseído cuando garchaba. Yo que soy más del "onda novia" me encontré en medio de una porno en la que me había tocado cogerme a la protagonista (o mejor dicho…que la protagonista me coja a mi) . A partir de ese momento, cada vez que mi economía lo permite, la visito. Obviamente, mucho menos de lo que quisiera.
Alegra es expeditiva para coordinar. No da vueltas. Desconozco si con los nuevos clientes es igual o si pide algún requisito adicional. En mi caso cuando le pregunto si tiene libre determinado horario me contesta con el tan ansiado "Venite". Eso me produce el clásico cosquilleo en la pija porque sé que me va a estar esperando como un felino dispuesto a devorar a su presa. Por mensaje es amena, simpática. En persona también, hasta que se enciende. Ahí transmuta en una mina que, además, se deja llevar por la lujuria y nada la frena. Su notorio acento guaraní es un testimonio del tipo de sangre caliente que le corre por las venas.
Mi día venía tranquilo hasta que vi un estado de Alegra en el WhatsApp. No pude resistirme y le escribí. Combinamos enseguida para encontrarnos y el resto de la jornada laboral, con el deseo de verla, se hizo más extensa de lo habitual.
El edificio es el mismo que cuando la conocí hace unos años. El departamento no. Ahora está en un prolijo monoambiente con un mueble que divide el espacio donde está la cama. El espejo que se encuentra al pie de la cama permite visualizar la acción, aunque el vértigo del encuentro haga que uno esté más pendiente de ver a Alegra y no a ese tipo extraño que se refleja en el espejo mientras la coge y que parece ser un tercero ajeno a uno mismo.
Apenas llegué nos fundimos en un apasionado beso y a los tumbos terminamos franeleando en el sofá. Me despegue para ir a darme una ducha. Cuando volví retomamos la secuencia en el punto que habíamos dejado. Con Alegra no hay rutina, no hay dos visitas iguales, no existe la monotonía. Hay un proceso, siempre diferente, por el cuál si uno es paciente llega al mismo punto. La excitación de la dama. Y ahí empieza lo mágico. Se rompen las barreras de la relación cliente - escort que Alegra, con una habilidad propia de una gran profesional, te hace creer que en realidad estás en una relación de amantes. El corazón se acelera, bombea sangre más rápido y la pija se me pone completamente dura. Ella se la lleva a la boca y succiona de forma determinada pero no brusca. Esas chupadas típicamente sensitivas. Como si te diera un respiro para lo que va a venir. Porque cuando ella se acomode para un 69 y se empiece a mojar, se va a despertar un demonio que no va a tener piedad. Va a empezar a dar y a pedir. Y habrá que seguirle el ritmo. Terminamos de darnos placer oral y eso ya era un mar de saliva y fluidos. Me puso el forro y se montó encima mío. Ahí se acabó la tregua. Difícil narrar en forma ordenada los gemidos, los saltos arriba de la pija, las uñas clavadas en mí pecho, el "hijo de puta" que se le escapaba cuando bajaba el ritmo y el cachetazo final que me llevé en una (no se si real, pero al menos verosímil) acabada. Ambos necesitábamos un respiro.
Bajamos el ritmo. Franeleamos de nuevo. Mi pija seguía durísima. Cogimos en cuatro, en misionero, nos besamos en la boca. Sentí esa lengua voraz dentro mío. Ya no daba más. Me saqué el forro. Alegra me chupó de vuelta la pija. Ya el desenlace era inevitable. Con un gemido sordo le eyaculé en la boca. Esperó que terminara. Me escupió la leche en el abdomen y me la desparramó por el pecho. Me pasaba la mano y la lengua. Semen, saliva, flujo. Un enchastre digno de la terrible cogida que me había pegado. Creo que yo solo le presté la pija. El resto lo hizo todo ella.
Nos duchamos, nos despedimos y cada uno retornó a su respectivo mundo. Ese espacio temporal que hizo que nos cruzáramos tangencialmente fue intenso, breve y caótico. Difícil de describir y lleno de sensaciones definidas e indefinidas. Entregarse al placer y perder la racionalidad. Quizás ese efecto narcotizante sea, paradójicamente, lo que nos hace humanos.
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