¿El mensaje rompe las reglas?
Reporta a Lord Carrington
[XP] Alexxxis Blue: Mi "relación" más larga en este rubro.
11-May-2026, 14:57
Hace muchos años que conozco a Alexxxis. Pre pandemia. Otro mundo, otra vida. No sé por qué me acostumbré a clasificar los acontecimientos con esa línea de división temporal. AP / DP (Antes de la Pandemia o Después de la Pandemia). Cuando la conocí publicaba con otro nombre de fantasía. (De hecho todavía la sigo agendando así). Perdí completamente la cuenta de las veces que nos vimos. En la "era DP" nos vimos menos, con algunos baches, pero nunca perdimos el contacto. Siempre quedó esa buena onda entre ambos. El viernes decidí escribirle. A pesar de toda la confianza que nos tenemos Alexxxis me mandó el speech con los distintos tipos de servicios que ofrece (cómo si no los conociera), me preguntó cuánto tiempo iba a quedarme y qué servicio iba a tomar. No pensé mucho. Una hora, completo. Tiene opciones de media hora, de solo oral....etc.
En el mientras tanto tuve que seguir afrontando mí dia. La caótica jornada laboral fue singularmente larga para un viernes. Las reuniones más intrascendentes parecen ubicarse en la víspera del fin de semana. Cómo si fuera imprescindible dejar todo ordenado antes de irse. Con ironía recordé una frase de Baudelaire: "Habría que añadir dos derechos a la lista de derechos del hombre: El derecho al desorden y el derecho a marcharse" Si bien nunca más oportuna la frase, la prudencia me ganó y decidí cerrar el pico.
Finalizado mí día, salí de la oficina y me dirigí a la zona de Callao y Corrientes. La conjunción de dos de las principales arterias porteñas. Lugar céntrico por excelencia. El subte te deja
prácticamente en la puerta del departamento de la dama. Le mando mensaje y me da el OK para subir.
Ella escucha el ascensor llegando y me entreabre la puerta. Entro y la veo. Sexy como siempre. Su físico es muy armonioso, se nota claramente el laburo del gimnasio. Tenía lencería roja y botas altas. Beso de bienvenida, charla amena. Nos conocemos mucho. Las cosas fluyen con naturalidad. Me di una ducha, le pagué sus honorarios para no olvidarme y ahora sí, estábamos listos para la hora de la verdad.
No quiero redundar mucho en la descripción de su servicio. Hay muchos relatos. Todos hacen hincapié en su famoso oral, casi adictivo, con mucha saliva y garganta profunda. Si a eso le sumamos el anal, otra de sus especialidades, el combo es más que interesante. Después de tantos años de vernos, Alexxxis casi que (peligrosamente) puede leer mi mente (o al menos mi lenguaje corporal) y
prácticamente no le tengo que pedir nada. También sabe lo importante que son para mi los besos y, por suerte, no los escatima. Empezamos a explorarnos mutuamente, con lengua y caricias. Cuando le toqué la cola me di cuenta que tenía un plug metido en el orto. Por eso me había preguntado qué servicio iba a tomar. Ya estaba preparada. A partir de ese momento me dejé llevar, como en una experiencia extracorpórea, como en un cuento borgeano. Como si ese momento de placer le pasara a otro y mi propia conciencia lo viviera desde afuera. Alexxxis, luego de ponerle el preservativo a ese extraño que increíblemente se parecía bastante a mi, lo cabalgó salvajemente. Después, en misionero y de forma mucho más romántica, se besaban apasionadamente mientras cogían. Otra vez mutaba la escena. Esta vez en cuatro y, previo sacarse el plug y lubricar el ano, la pija entraba en el culo. El tiempo se frena y a la vez vuela. Es relativo. Cuando me quiero acordar estoy de nuevo acostado boca arriba. Ella saca el preservativo, pone la famosa toallita debajo y un nuevo oral, esta vez definitivo, marca el epílogo del encuentro. Cuando el miembro pierde dureza, y no queda una sola gota, recién ahí da por terminada la tarea.
Nos pusimos al día de nuestras respectivas vidas, mientras ella me hacía unos masajes. Después de tantos años de conocernos, innegablemente, ciertas fronteras entre escort /cliente / persona(s) se hacen más difusas en las charlas. Me di una nueva ducha, nos cambiamos y esta vez, debido al horario, ella bajó a abrirme. Nos despedimos con fingida formalidad pero con una mirada cómplice.
La fría noche de mayo contrastaba con el calor (literal y metafórico) del departamento de Alexxxis. A, apenas, escasos metros estaba la boca del subte que me devoró con increíble rapidez hacia las entrañas de la tierra, dónde me perdí en esos antiguos túneles, rumbo a mi hogar. Formalmente había dado comienzo mi fin de semana.
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